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02 enero, 2011

LA CRÓNICA DE LEÓN: VICENTE ÁLVAREZ VALDEÓN

Vicente Álvarez Valdeón / Chapolines de La Uña

“Iba con un ciego que nadie vio que veía”

Apasionante biografía de un tipo irrepetible que pasó de ser el mayor furtivo al Guarda Mayor

F. Fernández / La Uña
Si pasas por La Uña, entra al bar. Si entras al bar y no ves al personaje de la fotografía, pregunta por Vicente, que no andará muy lejos.
¿Qué te espera? No te lo puedo decir pues Vicente es, ante todo, imprevisible. Yo te cuento la conversación de la última vez que estuvimos allí. Entraron dos desconocidos y así fue el diálogo.
- Jefe, ¿tiene café?; preguntó uno que se veía que miraba y no veía la cafetera por ninguna parte.
- Se va por él a Colombia.
- ¿Y Martini rojo?; preguntó el otro.
- Eso ya es más difícil, a esos resulta que los fusilaron a todos los falangistas.
Vicente siempre está así, de buen humor y con salida para todo. Viendo su ironía le preguntaron por un calendario de 2011 en el que aparece desnuda una escultural mujer.
- ¿Y esto?
- Caprichos de la mujer.
Y sin embargo este personaje, Vicente Álvarez Valdeón, al que en la comarca llaman Chapolines, tiene una de las biografías más apasionantes y, a la vez, duras que te puedas encontrar en esta provincia. Un superviviente que tuvo que arreglarse desde niño para salir adelante y que él mismo te lo cuenta con una gracia y una ironía muy dignas de agradecer. “Los que crecimos sin padre —el mío marchó al ver lo feo que era cuando nací— somos así. Yo era pobre de los de estar en la plaza de la beneficencia, que tenía dos salidas: el furtivismo y el hambre. Yo cogí la de comer”.
Y así sigue y sigue con sus peripecias, que son muchas y casi increíbles si no fuera porque todos en aquella comarca saben que fue verdad. Con dos años ya embarcó para Cuba, con su madre, Sabina, una mujer de armas tomar muy recordada en todo el valle. “Estuve allí hasta los seis años, pero no nos pinto. Íbamos con un tío mío, hermano de mi madre, pero se murió y con las mismas tuvimos que volver para La Uña”.
Varias veces estuvo Vicente, que ya supera los ochenta años y camina para los noventa, a las puertas de la muerte, pero es duro como una piedra. Ya de niño tuvo el primer percance serio, jugando por el San Juan. “Me metieron dentro de una rueda y me tiraron rodando por una pendiente. Cabeza para arriba, culo para abajo, culo para arriba, cabeza para abajo... hasta que llegué a la pared y me di tal golpe que estuve allí hasta que me sacó la tía Mónica sin conocimiento. Estuve un día entero así, hasta que volví en mi ser y aquí estoy; claro que los que me tiraron no les faltó miedo, cogió mi madre el hacha y hubo la de Dios es Cristo”.
Siempre se supo buscar la vida Vicente. Como pastor o como lo que fuera. Cuenta con especial gracia un pasaje. “Anduve para ahí para Guardo y esa zona de lazarillo para un ciego que veía. ¡Qué actorazo! Nadie vio que veía”.

“Me dieron por muerto”
Pero aquel accidente infantil de la rueda sólo fue una anécdota si lo comparamos con otro posterior, en moto. “Iba a pescar para el río de Salamón, algo tarde,y llegando a Burón llevaba delante un camión, que se abrió y yo creí que era para darme paso y era para meterse para un camino, total que me vi con la moto debajo del camión, me entronchó la pierna y allí quedé. Qué golpe me daría que yo con la cabeza le rompí un foco. El hombre salió dando voces: ‘Que maté a un hombre que no se quién es, que lo maté!’. Me sacaron como pudieron, me taparon con una manta y me daban por muerto. Estuve catorce días en el hospital”.
Para Vicente 14 días en el hospital es una barbaridad y regresó para La Uña “con una escayola hasta los guevos”.No se podía mover, le serró el tacón y metió la escayola en un zapatón. “Es que tenía que ir a cazar con un hijo del embajador de Bélgica, como fuera y llevé una muleta de Petra y otra de Pascual El Cojo, pero lo llevé. Cazó un rebeco yse lo tenía que bajar yo pues él se puso y no anduvo ni veinte metros. Me hice una zurra de cordero y cargué el rebeco, con las muletas, pero dijo uno de los de la cacería: Esto es inhumano, y me lo bajaron”.
De esas tiene mil. De esas te cuenta mil con una gracia increíble, la misma que tiene en la conversación habitual. Que se lo digan a los clientes del comienzo, que le dejaron 50 céntimos.
- Gracias por la limosna.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Que grande eres Vicente!,hombre de la montaña donde los haya.
Me contó un buen día que le picó una víbora e ingresó inmediatamente en Urgencias..le pregunté ¿Cómo estás Vicente?..Respuesta.-La víbora se murió...Saludos de un cliente que deja propina...

agustín lasai rodríguez dijo...

!AUPA VICENTE!

Anónimo dijo...

Que tu alegría, que tus historias y que tus ganas de vivir nos acompañen muchos años... sé que la nueva ley de pesca te va a quitar ganas y esperanzas pero no te derrumbes Vicente, te necesitamos y ya te llevaré yo cucharillas, sólo por el placer de escuchar tus historias...
y a todo aquellos que no conozcan a este gran hombre, haganme caso. NO SE LO PIERDAN